martes, 24 de mayo de 2011

Volver a las fuentes

Recuerdo muy bien el artículo con el que fue inaugurada esta columna, una oda al alegre reencuentro que tuve con una etiqueta muy querida, a la que considero una entrañable amiga. Esta semana también hablaré de un viejo amigo enológico, solo que esta vez deberé entrar al túnel del tiempo para recordar al producto que, indudablemente, fue el “culpable” de la “vinofilia” que me afecta desde aquellos lejanos años de juventud.
Corría el año de 1993. Me encontraba con un grupo de compañeros de trabajo, todos sentados a la mesa del mejor restaurante de una pequeña ciudad del centro de la provincia argentina de Buenos Aires. Estábamos participando de un viaje laboral y, como en todo pueblo del interior era y sigue siendo obligatorio dormir la siesta, recién a las 17.00 podríamos retornar a nuestras actividades. Para colmo, el día estaba muy frío y gris. Entonces, nada nos impedía disfrutar de un vino junto con el almuerzo para luego retornar al hotel para cumplir con el sagrado ritual pueblerino. Y a partir de la hora señalada culminar con la labor del día.
Todos ordenamos el bife de chorizo de rigor. Pero el compañero de más edad pidió al mozo algo que cambió el concepto que hasta ese momento tenía sobre el vino: en Argentina se hacían vinos interesantes, más allá de los clásicos vinos de mesa, esos que se mezclaban con soda y hasta recibían cubitos de hielo.
En ese momento, lo único que dije fue “me gusta”. Pero en realidad debería haber dicho “¡me encanta!”, porque la sensación percibida en el paladar no dejaba lugar a dudas: ¡quería seguir tomando y tomando! Así conocí al Don Valentín Lacrado, un vino que tiene historia propia y que aún hoy, con la enorme variedad de productos que han surgido en los últimos años, mantiene una envidiable vigencia.

DE UN TIEMPO A ESTA PARTE. Es cierto que hoy la oferta de vinos se ha multiplicado enormemente, y la posibilidad de probar cosas nuevas es una tentación permanente. Pero como siempre es bueno volver a las fuentes, no dudé ni un segundo cuando, en la casa de un amigo, surgió la posibilidad de “descorchar un vinito”, que resultó ser un Don Valentín 2010.
Reconozco que hacía años que no degustaba uno. Y me arrepentí, porque la sorpresa fue agradable. Me encontré con con vino de color rojo suave, bien frutado y con una suave y para nada molesta acidez.
Luego, investigando, me enteré de que este vino es un blend compuesto de Malbec, Merlot, Syrah y Cabernet Sauvignon. Y como no tiene contacto con madera, el vino es franco: da al consumidor lo que cada varietal puede aportar.

SIN EDAD. Recuerdo que, no hace mucho, una mujer de edad avanzada me dijo que el vino que siempre toma es el Don Valentín y fue más lejos aún: “siempre fue mi favorito”, aseguró. De hecho, en ese rango de edad, esta etiqueta es la preferida, porque antes del boom actual del vino esa era “la” etiqueta. Sin embargo, creo que por su franqueza y suavidad este es un vino que puede ser disfrutado también por los más jóvenes o por quienes están buscando entrar a este apasionante mundo de colores, amoras y sabores.

Artículo publicado en la página 36 del diario Última Hora del 21/05/2011

domingo, 15 de mayo de 2011

Un buen embajador del Nuevo Mundo

Cuando hablamos de vinos, el concepto de “Nuevo Mundo” se aplica para unificar en un grupo a aquellos países que son productores recientes, y que compiten cabeza a cabeza con sus pares del “Viejo Mundo”, es decir, Europa.
Entre otros, integran el cada vez más prestigioso grupo países como Estados Unidos, en el hemisferio norte, y Chile, Argentina, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda en el hemisferio sur. Hilando más fino, es muy notorio que las mejores regiones productoras están comprendidas entre los 32 y 38 grados de latitud sur, algo que ha llamado hace rato la atención de los expertos y que los propios productores tienen en cuenta cuando buscan explorar nuevos lugares (también denominados “terroir”).
Y también, claro está, los mejores vinos de los países mencionados provienen de viñedos plantados en esa estrecha franja de tierra.
La introducción sirve para explicar el nombre de un vino que tuve el privilegio de conocer hace pocos días, durante un viaje, y que a la vuelta serví a un grupo de amigos. Me refiero al 35 Sur Cabernet Sauvignon, un vino reserva que, desde la etiqueta misma, busca transmitir un concepto de calidad a partir de la privilegiada posición geográfica de los viñedos que aportan sus uvas.

NOBLEZA. Recuerdo que el año pasado asistí a la cata en la que se celebró el retorno al mercado local de los productos de la Viña San Pedro, responsable de toda la línea 35 Sur. Sin embargo, en esa oportunidad no tuvimos la suerte de degustar el Cabernet Sauvignon, un vino que demostró ser noble debido a varios factores.
Primero puede destacarse que, a pesar de ser un vino reserva, mantiene intactas sus características varietales (mucha fruta roja), matizados con todo lo bueno que la madera puede aportar (toques de vainilla ). Es que este vino fue criado entre 6 y 8 meses en barricas usadas, que aportan al paladar buena concentración y taninos dulces y elegantes. Los fabricantes incluso le dan un potencial de guarda de hasta cuatro años, es decir que este cosecha 2009 puede seguir evolucionando en botella hasta el 2013. Y lo mejor de todo es que este vino puede encontrarse en las gónodolas de los súper al módico precio de G. 29.000. Sin dudas, un producto con una excelente relación entre precio y calidad.
Los acompañamientos pueden ser nuestras típicas carnes rojas asadas (el Cabernet Sauvignon en general va muy bien con esta delicia autóctona) y también con quesos maduros y pastas con salsas rojas no muy especiadas.

DOS VALLES. Otra característica que hace interesante a este vino es que, aunque está compuesto íntegramente de Cabernet Sauvignon, se trata de un blend. ¿Cómo es eso? Los enólogos de San Pedro, para toda la línea 35 Sur, mezclan vinos del mismo varietal, pero elaborados con uvas que provienen de dos valles distintos. En este caso, los de Maipo y Aconcagua. Así buscan darles una personalidad especial, algo que en este caso fue logrado con creces.
A nadie asombra actualmente que el Nuevo Mundo en general y Chile en particular puedan elaborar vinos de calidad a precios competitivos. En todo caso, debería llamar la atención si no lo hicieran.

Artículo publicado en la página 57 del diario Última Hora del 14/05/2011

sábado, 7 de mayo de 2011

Las tres "B" del placer

Epicuro fue un filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre y recordado hasta hoy por su doctrina del hedonismo, es decir, la búsqueda del placer y la supresión del dolor como objetivo en la vida. Epicuro es también el seudónimo con el que, hasta no hace mucho, solía firmar sus artículos enogastronómicos en la revista TVO un conocido periodista que tenía un particular punto de vista sobre el vino en general y la gastronomía en particular.
En cierta ocasión, durante una cata a la que ambos acudimos hace unos pocos años atrás, este personaje me dijo de un modo tajante que los vinos de la bodega Finca Flichman eran, dentro de su categoría, los de mejor relación precio-calidad.
Pasó el tiempo y, por esas cuestiones relacionadas con la abundancia de etiquetas que hay en el mercado local, me alejé de esa marca. Sin embargo, hace unas semanas me crucé con Epicuro nuevamente y la anécdota volvió a mi memoria, por lo que sin pensarlo dos veces corrí hasta el súper para comprar una botella de Finca Flichman.
En aquel momento, lo recuerdo bien, no quedé tan convencido con lo que el Epicuro autóctono me había dicho. Por ello, ahora que me encontraba ante un Malbec Roble 2010 de la susodicha bodega, tenía la oportunidad de corroborar o descartar sus dichos.

TE QUIERO JOVEN. Lo primero que observé, en la góndola, fue su precio: G. 20.300 por un vino elaborado en la famosa región mendocina de Maipú, Argentina, compuesto íntegramente de Malbec, con un paso de 3 meses en barricas de roble.
Al descorcharlo y servirlo noté que su color es de un rojo brillante con matices violáceos (característica inconfundible de los vinos jóvenes). En nariz es bien frutado, con notas a ciruela y cereza y un dejo avainillado. En boca es suave, amigable, un vino que se deja tomar. ¿Los acompañamientos? Como todo Malbec que se precie, pide carnes rojas asadas, aunque puede ir también con quesos grasos semiduros y pastas servidas con salsas rojas especiadas (aunque no muy picantes, cuidado con ello).
Algo que no se puede dejar de señalar es que bien vale tomar este vino en grupo y compartirlo entre amigos. Se trata de uno de esos productos “sociales”, que no tienen grandes secretos. Es franco y gentil, y por ello tienen la gran virtud de ser apto para que vos y tu grupo de amigos la pasen bomba, tomando un vino sin pretensiones, a un precio muy conveniente. También es una buena opción si estás buscando una etiqueta para todos los días.
Otro detalle interesante que concierne a este vino tiene que ver con el sector aéreo. ¿Cómo es eso? Es que todos los vuelos de TAM que salen de Asunción ofrecen Finca Flichman Malbec, según me comentó un ejecutivo de la firma importadora.

EL PLACER. El amigo Epicuro estaba en lo cierto. Es muy buena la relación que Finca Flichman ofrece con sus productos. Y este Malbec Roble 2010 es un claro ejemplo de lo certera que fue aquella afirmación. Se trata de un vino que reúne las famosas tres “B” del placer: es bueno, es bonito y es barato, una suma de factores que muy seguramente aprobaría y hasta aplaudiría el Epicuro griego, por razones obvias.


Artículo publicado en la página 42 del diario Última Hora del 07/05/2011.-

sábado, 30 de abril de 2011

Me tuteó de entrada

Es increíble el modo misterioso en que funcionan las asociaciones de ideas y la manera en que el cerebro escucha y/o lee lo que cree escuchar y/o leer, aunque la realidad sea diferente. ¿O es que acaso nunca tuviste que pedirle a alguien que vuelva a decir una frase o volver un párrafo en un libro para constatar el verdadero mensaje? Cuando esos “malentendidos” ocurren, estoy seguro de que el subconsciente nos envía claras señales que deben ser atendidas.
Recientemente, en un súper, escuché claramente a uno de los parroquianos decir “Vernus”. Mi primer pensamiento fue: “esta gente está queriendo comprar un vino”. Sin embargo, como algo había sonado raro en ese “Vernus”, me di vuelta para ver a los interlocutores y me encontré con dos niños. Buscando reponerme de la sorpresa me acerqué y afiné el oído para escuchar lo que ambos decían.
Entonces, allí estaba, frente a la góndola de snacks, escuchando esa conversación infantil. Lo simpático del caso (y que viene a fundamentar el arranque de estas líneas) es que uno de los chicos, al final, le dijo al otro que en Venus transcurría un episodio de las aventuras de su héroe favorito de la TV.

RISA E IMPULSO. Me reí de mi mismo, pues me sentí ridículo. Luego cedí al impulso de ir a hasta el sector de los vinos para buscar y encontrar a Vernus, ese buen vino chileno que elabora la Viña Santa Helena.
No me costó mucho encontrarlo. Estaba entre otros de su linaje: en el rango medio de línea, por encima de los varietales y los reserva, pero abajo de los ícono. Vi el precio (G. 90.000) y me dije que no era tan caro como para descorcharlo esa misma noche y degustarlo.
A este vino no lo conocía tan bien como a los amigos que describí en las columnas de las dos últimas semanas. Había tenido un par de aproximaciones en una cena-maridaje y en una cata organizada por la revista HC Gourmet, oportunidades en las que pude probar los nuevos Cabernet Sauvignon y Malbec (sí, leíste bien, un Malbec chileno, aunque ese es otro tema). Pero nunca había probado el Blend, y por ello fue el elegido.

EN CASA. Llegué a casa, lo enfrié en hielo, lo descorché, lo decanté una media hora y, luego, llegó a la copa. Parafraseando a mi querido amigo Tito Caro puedo decir que este vino “me tuteó de entrada” y durante toda la velada fue un compañero que supo contarme todos sus secretos.
A la vista, su color es de un rojo rubí profundo. En nariz me pareció complejo, con notas a fruta roja cocida y, especialmente, con nítidos aromas especiados. En boca, sin dudas, es estructurado, con buena entrada y largo final. Tales características, típicas de un vino de corte (o blend), son aportadas por las cepas que componen a esta noble etiqueta: 65% Cabernet Sauvignon, 20% Carmenere, 10% Syrah y 5% Petit Verdot. ¿Con qué combinarlo? Animate con algún estofado con salsa agridulce; no te vas a arrepentir.
Solo un detalle faltaba develar, el nombre. La respuesta viene de la propia etiqueta: es un homenaje a los ciclos de la tierra; la palabra “Vernus”, de origen latino, significa “nuestro renacimiento”.
Más allá de la confusión auditiva, y a modo de conclusión, se puede afirmar que este vino es un buen embajador de la viticultura chilena, que año a año renace, cosecha a cosecha, para placer de todos.
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Artículo publicado en la página 42 del diario Última Hora del 30/04/2011.

sábado, 23 de abril de 2011

De Chile, con sabor

Si tuviese que escribir un guión cinematográfico podría pintar la escena del siguiente modo: “interior, noche, salón de un restaurante de nivel; hay varias mesas ocupadas; un mozo sirve vino a un comensal desde un decantador”. Imagino que la primera línea de diálogo sería: “Creo que el Cabernet Sauvignon chileno es mucho más que el Malbec argentino”.
Lo comentado en el párrafo precedente no es ficción. Se trata de una situación real ocurrida hace relativamente poco en un sitio en el cual la adición es bien salada, pero donde se come muy bien y se bebe mejor.
La anécdota me llegó a la memoria cuando estaba pensando el tema de esta semana, ya que en la columna anterior me detuve a precisar el gran reencuentro que tuve con una etiqueta de la cepa Malbec, la uva emblemática de una Argentina que dejó de producir mucho y de baja calidad para su mercado interno, y pasó a elaborar vinos excelentes mirando al exterior.
Por ello, y a propósito de la tajante afirmación del caballero del restaurante, hoy me detendré en destacar lo que el Cabernet Sauvignon del país trasandino puede ofrecer, una uva que se da excepcionalmente bien en Chile. Pero no un escribiré sobre un ícono de más de 100 dólares (ya hablaré de esos vinos más adelante), sino de un producto más modesto en precio, pero gallardo en calidad. Y para que la anécdota sea completa, me concentraré en el vino que esa noche tenía sobre mi mesa, Cousiño Macul Antiguas Reservas Cabernet Sauvignon 2008.

TRADICIÓN Y VIGENCIA. Cousiño Macul es una tradicional viña chilena, que a pesar de ser fundada a mediados del siglo XIX aun sigue en manos de la familia fundadora. Y para mi deleite, en mi copa tenía un producto que muy probablemente podría competir con el vino que el hombre estaba pregonando.
El Antiguas Reservas es un Cabernet Sauvignon que tiene mucho para contar. Al mirarlo, te avisa con su color rubí oscuro que tenés un Cabernet Sauvignon con todas las letras. Al olerlo vas a notar claros aromas frutales, con notas a ciruelas negras, moras, cacao y hierbas secas. Y cuando llegue a tu boca, lo notarás suave y armónico, de cuerpo medio pero persistente, y complejo. Un vino ideal para acompañar carnes rojas estofadas (con champiñones o a la pimienta) e, incluso, asadas.
Es más, recuerdo que el año pasado realizamos una cata a ciegas para la revista HC Gourmet con vinos corpachones ideales para pelearle al frío, y este vino formó parte del grupo. ¿El resultado? Fue el más aplaudido, incluso por encima de otros ejemplares en rango de precio más elevado.
Por ello, no extraña que la prestigiosa revista The Wine Advocate, que dirige el gurú Robert Parker, haya calificado al Antiguas Reservas como el de mejor puntaje dentro de la categoría de hasta US$ 20.

MÁS QUE TERREMOTOS. Como todos saben, Chile es mucho más que terremotos y montañas. Es uno de los países que picó en punta en el grupo de los productores vitivinícolas del “Nuevo Mundo”. Y para que nuestro paladar pueda comprobar que ese país se ganó su sitial de privilegio no es necesario gastar muchos dólares, como hizo el ostentoso hombre del restaurante. Alcanza con ser inteligente.
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Artículo publicado en la página 30 del diario Última Hora del 23/04/2011.

sábado, 16 de abril de 2011

Un feliz reencuentro



¿A quién no le gusta volver a encontrarse con viejos amigos? Cuando ello ocurre, siempre o casi siempre se produce un alboroto mutuo, matizado por un sinnúmero de “qué fue vos”, “cómo andás”, “qué hiciste todo este tiempo”, “por qué te perdiste”. Y, acto seguido, se entabla una conversación en la que, si el tiempo y el lugar lo permiten, todo tema será tratado.
Pero no estoy hablando de conocidos, me refiero a la amistad “del purete”. Esa que te hace merecedor, por ejemplo, del derecho de abrir la heladera de la casa de tu amigo y tomar lo que sea sin pedir permiso.
Algo así fue lo que me ocurrió cuando me encontré sin buscarlo ante un Luigi Bosca Reserva Malbec, vino que conocí hace ya varios años y de quien me hice amigo al primer sorbo y, luego, fui afianzando el vínculo a fuerza de ir avanzando copa a copa, botella a botella.
El instante en que nos conocimos no podría precisarlo, ya que mucho pasó entre ese momento y este presente. Pero sí el reencuentro: un asado al que acudí hace poco, en el cual se celebraba el cumpleaños de la hija de otro amigo muy querido.
Cuando lo vi a Luigi encima de la mesa supe que esa sería una velada muy especial. Me reconoció al instante, y yo a él. Por ello, no fue nada extraño que entablemos una conversación muy fluida, como en aquellos lejanos tiempos de sobremesas largas y madrugadas aún más largas.
Miré la etiqueta y vi que mencionaba al 2008 como año de cosecha. Al notar ese momento tan íntimo entre botella y apasionado, el dueño de casa tomó la iniciativa y me instó a abrirla. Sacacorchos en mano, entonces, procedí al ritual: primero saqué la cápsula, luego el corcho y, finalmente, vertí el líquido en la copa.

SABORES Y AROMAS. ¿Qué tal el reencuentro? Tuve un muy satisfactorio “déjà vu”. Primero noté el color rubí intenso con algunos destellos violáceos, tan familiar en el Malbec. En nariz sabe expresarse: a pesar de los 12 meses que pasó en barricas de roble francés, se siente la presencia de la fruta roja; incluso, gracias a la madera, hay notas especiadas y picantes (pimienta). Entra a la boca con fuerza, aunque los taninos han sido ya domados por la guarda en botella, quedando estos suaves y dulces.
Por tratarse de un vino con buen cuerpo y estructura, las carnes rojas a la parrilla le caen muy bien, generando lo que los entendidos llaman un maridaje perfecto. Sin embargo, él también sabe flirtear con algunas piezas de caza y quesos duros.
La charla con Luigi fue intensa, como corresponde a dos viejos amigos que se vuelven a ver. Me acompañó desde el antipasto hasta el postre. La verdad que lamenté mucho tener que volver a casa.

VOLVERTE A VER. ¿Por qué nos distanciamos? Por esas cosas de la vida: cada uno siguió su camino. Pero todos sabemos que no es necesario estar en contacto permanente con los verdaderos amigos, pues el entrañable sentimiento es el mismo de siempre. Por ello estoy muy tranquilo, ya que seguro tendremos nuevos reencuentros: el querido Luigi está a mano a G. 70.000.- en las góndolas de los súper.
Y claro, vos también podés conocerlo. Vas a llegar a apreciarlo sinceramente.

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Artículo publicado en la página 45 del diario Última Hora del 16/04/2011.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Furioso con MSN

Esta vez no estoy aquí para escribir sobre los placeres de la mesa. Hoy contaré una anécdota que me ha sacado de quicio, y que tiene que ver con lo mal que puede atender una empresa a las personas, haciendo exactamente todo al revés.
Sucede que me bloquearon mi cuenta de Hotmail porque los de MSN dicen que estoy mandando spam. En casi 30 días no pude restablecerla porque aseguran que los datos que les envío son insuficientes y no pueden autentificar mi identidad.
Ayer, con mucha altura y sin usar malas palabras, los mandé al demonio diciéndoles que tratar con ellos era peor que "hacer un trámite en un ignoto ministerio tercermundista". Hoy ya no puedo seguir conversando con ellos porque el foro privado para supuesta ayuda que habían construido fue levantado.
Ergo, perdí mi cuenta de Hotmail, donde tengo información valiosísima, tanto personal como laboral.
De veras que esta gente es la imagen misma de la inoperancia. Permiten que se hackeen contraseñas para que los inescrupulosos de siempre envíen spam, e impiden que los verdaderos titulares de esas cuentas puedan acceder a ellas porque supuestamente no pueden acreditar con datos precisos la identidad.
Está claro dónde pueden meterse su cuenta.
Por mi parte, me quedaré con Gmail, que es más amigable y confiable.

Alejandro Sciscioli
Asunción - Paraguay