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martes, 19 de julio de 2011

Como Gala para Dalí

Gala Eluard Dalí fue la gran musa inspiradora de muchos artistas durante los años locos den los que el surrealismo era considerado como “la” vanguardia. Entre los creadores que cayeron rendidos a sus pies se puede contar a Paul Eluard (su primer marido), Louis Aragon, Max Ernst y André Breton. Aunque sin dudas, la dama, conocida simplemente como Gala, fue el gran amor y la musa que subyugó al gran genio español Salvador Dalí.
Gala era una mujer intensa y voluptuosa, y de hecho mantuvo numerosas relaciones extramatrimoniales a las que Dalí, enterado, no se opuso y hasta se cree que alentó.
Voluptuoso, complejo, con carácter es el vino Gala 1, un muy buen producto elaborado por la Bodega Luigi Bosca – Familia Arizu que tuve la suerte de conocer no hace mucho durante una cata especial convocada por el importador en el país y con el cual pude reincidir recientemente.
El primer encuentro fue un tanto complicado, ya que Gala tuvo que competir en mi paladar con otros cuatro vinos, todos de muy buenos a excelentes. Sin embargo, dejó una muy buen impresión en mí, tanta que no dudé en comprar una botella de la cosecha 2008 cuando me topé con ella en la góndola de los vinos, durante la religiosa compra semanal en el supermercado.

CUIDADOS ESPECIALES. Dalí, es sabido, siempre tuvo consideraciones especiales para con su Gala, a pesar de la extraña parafilia que lo aquejaba. Yo, con la mía, sí fui un verdadero caballero y, al mismo tiempo, un total tacaño: decidí que yo solo degustaría ese vino y, por ello, ya en casa, decanté y enfrié el vino por media hora hasta llegar a la óptima temperatura de 16 grados, constatados con termómetro.
Me encontré con vino familiar. Un sofisticado blend que lleva Malbec, Petit Verdot y Tannat. No dice en la botella los porcentajes de mezcla, pero está clarísimo que el vino insignia argentino es el que lleva la batuta en esa afinada orquesta.
Su color es de un rojo profundo y brillante. En nariz se sienten muy presentes los frutos rojos, además de agradables notas a vainilla, mientras que en la boca se presenta maravillosamente ambiguo: potente pero elegante, de gran cuerpo pero armónico. Es además sedoso, pasa muy bien por la garganta y deja un largo y persistente final. Tales características se explican debido a que este vino es añejado durante 14 meses en barricas nuevas de roble francés.
Por un instante me puse a pensar qué clase de comidas irían bien para acompañar este vino, y pensé en piezas de caza mayor, cordero y platos muy especiados.

INSPIRACIÓN. Degustar nuevamente este vino resultó un placer. De hecho, estuve muy tentado de contar a través de mi cuenta de Twitter sobre las virtudes del Gala 1 que estaba disfrutando. Pero no, me contuve, no compartiría mi secreto con nadie. Decidí que, al menos ese día, Gala sería solamente mía y, al menos por ese instante, representaría lo mismo que la musa lo fue para Dalí.

Artículo publicado en la página 37 del diario Última Hora del 16/07/2011

sábado, 25 de junio de 2011

Con sabor y olor a Chile

Como es sabido, Chile es un país del “Nuevo Mundo” vitivinícola que elabora muy buenos productos. Y, en algunos casos, vinos de una muy buena relación entre precio y calidad. Un caso a destacar, por ejemplo, es el de Santa Helena Selección del Directorio Cabernet Sauvignon, un vino que ya había tenido oportunidad de probar, pero que caté en detenimiento el pasado mayo durante una visita realizada a la bodega.
Había tenido la suerte de participar de una excursión organizada para un grupo de Paraguay, y este escriba con mucho gusto participó de la experiencia. La degustación tuvo lugar en el señorial salón de reuniones de la nave principal de la viña, un recinto en el cual ardían leños en una hoguera, mientras desde un amplio ventanal podíamos divisar hectáreas y hectáreas de viñedos.
La ronda de cata fue bastante amplia en cantidad de etiquetas, como siempre suele suceder. Y en esa fría y nublada mañana, varios vinos llamaron mi atención, entre ellos el Selección del Directorio. ¿Por qué? Por varios motivos que iré explicando a continuación.

PERCEPCIONES. En innumerables ocasiones he comprobado que el entorno tiene mucho que ver con las percepciones de lo que consumimos. ¿Un ejemplo? Te apuesto que si tomás el mismo vino en situaciones opuestas vas tener experiencias sensoriales totalmente diferentes. No es lo mismo romper con tu chica que estar en plena fase de seducción o en los primeros momentos de un romance.
Bueno, esa mañana todo se prestaba para una buena cata: la gente, el clima y el entorno hacían presuponer un buen momento, que fue coronado tras las degustaciones.
Por tratarse de un vino de rango medio, el Selección del Directorio Cabernet Sauvignon llegó a las copas en mitad de la degustación. Y ahí fue que redescubrí a este vino que me había gustado tras haberlo probado anteriormente en muchas ocasiones, pero que luego, en Chile, encontrándome en plena bodega, acompañado del entorno propicio, me encantó.
A la vista resulta de un color rojo rubí profundo y brillante. En nariz es evidente la presencia de aromas de frutos rojos con notas de especias, ciruelas secas y toques de vainilla. En boca se sienten buen cuerpo y estructura, notas acarameladas, más un final medio a largo. Un perfil muy bueno si tenemos en cuenta que estamos ante un vino que pasa entre 8 y 10 meses en barricas de segundo y tercer uso y que en góndola cuesta unos G. 44.000.

CON EMPANADAS DE PINO. Si tuviera que combinar a este vino, diría al instante que va bien carnes rojas grilladas o comidas grasas serían excelentes opciones.
Sin embargo, creo que una mejor experiencia podría lograrse acompañando este muy buen hijo de Chile con las famosas empanadas de pino (nada más y nada menos que las típicas empanadas chilenas al horno). Imaginate: un vinito con cuerpo, Cabernet Saubvignon con aroma y sabor a Chile, yendo de la mano de un plato tan típico de ese país… Mejor, imposible.
No estoy descubriendo la pólvora si digo que el vino se siente bien o excelente dependiendo del entorno. Es solo que, tras la experiencia chilena, el Selección del Directorio Cabernet Sauvignon ha ingresado entre mis favoritos en el rango de los vinos con muy buena relación entre precio y calidad.

Artículo publicado en la página 37 del diario Última Hora del 25/06/2011

Para servir en el asado del Día del Padre

El martes y el miércoles de la semana que está culminando, tuve el privilegio de participar del Asunción Wine Experience, la feria de vinos que está haciendo historia en el país. Dando vueltas, vueltas y más vueltas, copas van, copas vienen, logré degustar lo mejor que cada casa importadora está trayendo al país. Algo que, en realidad, no es poco.
Y si bien el evento vale varias columnas, una pregunta que me hicieron en medio de la locura de gente me dio pie para la columna de esta semana. “¿Qué descorcharías este domingo en el almuerzo del Día del Padre?”, me preguntó muy suelta de lengua una de las tantas promotoras que pululaban por aquí y por allá.
La pregunta no podía ser más complicada: era, al mismo tiempo, muy fácil y muy difícil de responder. ¿Por qué? Porque si bien hay una gran serie de cepas que podrían adecuarse perfectamente bien al asado, el más típico de los menús para celebrar tan importante fecha, encontrar la etiqueta correcta era un interesante desafío. Sobre todo teniendo en cuenta la enorme oferta circundante.
Por suerte, al alzar la vista encontré la respuesta. No fue necesario un sesudo análisis, mucho menos realizar una larga ronda de degustaciones. La contestación a la pregunta de la joven y blonda señorita fue: “Finca La Linda Malbec”. 

AMABILIDAD Y JUVENTUD. Sucede que este vino, elaborado por la prestigiosa Bodega Luigi Bosca / Familia Arizu, tiene muchos ingredientes que lo hacen una muy buena opción. Para empezar está la clásica “buena onda” que hay entre el Malbec y las carnes rojas asadas. Otro aspecto a tener en cuenta es que se trata de un vino que, por sus características, sabe encantar a consumidores de todas las edades.
También cuenta el precio, G. 35.000, una cifra más que interesante si tenemos en cuenta que se trata de un producto añejado entre tres y cuatro meses en barricas de roble, elaborado a partir de uvas provenientes de viñedos cuidadosamente preparados para rendir entre 8 y 10 mil kilos por hectárea. En pocas palabras, se puede afirmar lo agrónomos y los enólogos de la bodega toman los recaudos para lograr una buena relación entre el precio y la calidad de su “hijo” enológico.
Entonces, luego de conversar con la promotora, seguí para adelante, ingresé al stand de Finca La Linda y pedí degustar lo que estaban proponiendo al público. A mi copa llegó un cosecha 2009, que a la vista resultó de un rojo intenso, con matices violáceos (características típicas de un Malbec joven). En nariz aparecieron notas a frutas rojas y algunas especias, mientras que en boca es deliciosamente equilibrado, con buena estructura.

UN DESEO. Conociendo entonces las características de este vino, no pude evitar imaginar la celebración que mi hija mañana presidirá en mi honor. Me consta que habrá carne, algunos embutidos especiales para la parrilla y otras delicias. Incluso un postre a base de chocolate (otro producto que combina bien con el Malbec). Solamente espero que el vino elegido sea de esa emblemática cepa que tan bien se da en Argentina. ¿La etiqueta? La Linda, por supuesto.

Artículo publicado en la página 42 del diario Última Hora del 18/06/2011

sábado, 11 de junio de 2011

A prueba de errores

Hay vinos con los cuales es imposible equivocarse”. Palabras más, palabras menos, esa fue la línea de razonamiento que seguí mientras pensaba qué vino llevar a una cena a la que me habían invitado la semana pasada.
Si bien no tenía idea cuál era el menú propuesto por los anfitriones, al menos contaba con el dato que la carne roja brillaría por su ausencia esa noche. Fue así que, luego de unos momentos de meditación, decidí que la marca elegida sería Luigi Bosca, que viene a ser una especie de “todo terreno” del vino, ya que sin importar si estamos hablando de blancos, tintos o espumantes, decir que el viejo y querido amigo Luigi estará presente en la mesa significa que se servirá un producto de gran calidad.
Es cierto, hay cosechas mejores que otras, pero eso es algo que abarca a todos los productores de determinadas regiones, un aspecto macro que involucra fundamentalmente al clima y del cual nadie puede escapar. Sin embargo, al hablar puntualmente de esta marca, sabemos que al elegirla estamos yendo a lo seguro: nos encontraremos con un vino conocido por propios y extraños, al menos de nombre, un producto que casi siempre sale bien y, claro, gusta a todos.
Entonces, sabiendo qué no habría en los platos, decidí lo que sí o sí iba a estar en las copas: Luigi Bosca Pinot Noir.

¡QUÉ RICO! Antes de llegar a la casa de mis amigos pasamos por el supermercado para comprar dos botellas. Fue muy fácil encontrarlo, con esa siempre reconocible etiqueta blanca y marrón. Y fue muy grato saber que su precio sigue manteniéndose inalterable en G. 70.000.
La bienvenida recibida en destino fue muy calurosa. Tanto que aún creo que la misma se debió al ver que llegaba acompañado de Luigi.
Antes de la cena ya abrimos la primera. Es que, como todo Pinot Noir, el Luigi Bosca puede servir como buen acompañante del aperitivo y como testigo de las animadas charlas entre amigos.
¿Qué me pareció? Un Pinot Noir hecho y derecho. Su color es de un rojo rubí suave y brilloso. En nariz es bien expresivo y frutado (con notas muy claras  a frutillas), algo floral y con aromas a chocolate. En la boca resulta elegante y sedoso, con un cuerpo interesante. En suma, un vino de esos que, al probarlo, la primera reacción es un sonoro “¡qué rico!”.

COPAS Y PLATOS. Por suerte, los dueños de casa mantuvieron en pie el menú. No hubo carne vacuna, pero sí carne blanca, además de una entrada de quesos suaves. Por ello, la combinación entre vino y comida fue óptima. Incluso, este vino podría ir muy bien emparejado con algunos pescados, como atún fresco o salmón.
La cena transcurrió alegremente y las dos botellas, finalmente, casi quedaron cortas. Me alegró mucho saber que la elección fue la correcta, que el vino hizo buena pareja con la comida y que los comensales, todos, fuimos subyugados por una etiqueta que, a pesar de ser una vieja conocida nuestra, nos sedujo como la primera vez que llegó a nuestras copas.
Es que Luigi Bosca suele ser así, un clásico que se ganó la alta estima de todos, a fuerza de calidad. Una etiqueta a prueba de errores.

Artículo publicado en la página 38 del diario Última Hora del 11/06/2011

lunes, 6 de junio de 2011

Un nuevo amigo

Dime el nombre de un vino, y te contaré una historia”. La frase no pertenece a ningún filósofo, tampoco a ningún hedonista, mucho menos a un enólogo o sommelier. Esas palabras, en realidad, surgieron cuando estaba pensando la manera de iniciar la columna de esta semana. Es que cada vez que quiero escribir sobre un vino, invariablemente hay una anécdota asociada a la etiqueta, y este caso no es la excepción.
Sentado frente al teclado de la computadora, y con la fría hoja en blanco delante de mis ojos, pensé varias maneras de describir al Castillo de Molina Carmenere 2008 que había degustado la noche anterior.
¿Cómo y por qué me encontré con él? Por esas cosas de la vida. Recientemente tuve la suerte de viajar a Chile y conocer tres bodegas (o viñas, como gustan decir al otro lado de la cordillera), y uno de los sitios visitados fue la Viña San Pedro, una de las empresas vitivinícolas más grandes, antiguas y respetadas de su país.
El tema es que, catas van, degustaciones vienen, tuve oportunidad de probar varios Castillo de Molina, hermanos de etiqueta del Carmenere en cuestión, pero no al susodicho. Fue entonces que, finalizando la compra semanal en mi supermercado de cabecera (siempre termino la recorrida por la góndola de los vinos), me encontré frente a frente con él de un modo ciertamente inusual: tropecé con carrito y casi se estrella mi humanidad completa contra un aparador. Tras recuperar la compostura, hice memoria y recordé no haberlo probado, por lo que decidí comprar, degustar y, luego, comentar.

DE ENTRECASA. Esta vez no había amigos con quienes compartir el vino, tampoco una cena especial. Estaba acompañado solamente por mi esposa, y con ella procedimos al ritual del descorche y la degustación, mientras preparábamos la cena.
A la vista se nota que es rojo rubí bien oscuro, con algunos reflejos violetas. En nariz resulta muy expresivo y frutado (no se sienten frutos rojos, sino negros, como moras), con notas de vainilla, tabaco y especias. En boca es amistoso, de taninos suaves y dulzones, con buena entrada y un final agradable medio a largo. Un vino ideal para acompañar una pasta cuatro quesos, carnes blancas, verduras asadas o, incluso, algún pescado graso, como el atún.
Si bien se trata de un vino muy interesante para acompañar diversas comidas, tampoco es una mala opción si lo que se desea es compartir un momento descomprimido entre amigos.
La procedencia de este vino es fácil de deducir, ya que en la etiqueta misma se informa que viene del Valle del Maule, un lugar de elevaciones suaves que se encuentra en la región homónima, también conocida como VII, adonde sale bien el Carmenere. Luego, investigando, me enteré de que el 100% de la mezcla tiene una guarda de un año en barricas francesas, de las cuales el 30% son nuevas. Nada mal para un vino que cuesta G. 50.000.

BUEN DESENLACE. Aunque el encuentro inicial con este Carmenere fue algo accidentado, puedo decir que el desenlace de historia no podría haber sido mejor: logré conocer a un producto noble y que tiene todas las cualidades para cautivar a quien lo pruebe. Sin dudas, he encontrado un nuevo y muy buen amigo.

Artículo publicado en la página 34 del diario Última Hora del 04/06/2011

sábado, 28 de mayo de 2011

Patagonia en tu copa

Hace unos años, trabajando en el contenido del número debut de la revista HC Gourmet, un tema que debía preparar, rápidamente llamó mi atención. Era el anuncio de la llegada al país de una línea de vinos, elaborados por una empresa que tiene el muy sugerente nombre de Bodega del Fin del Mundo.
Tal denominación avivó mi imaginación al instante. Primero hice una escala en aquellos lejanos pero entrañables momentos de mi más tierna infancia, y pensé en el famoso “Faro del fin del mundo” de Julio Verne. Luego, sabiendo que esa bodega es argentina, pensé en los hermosos paisajes de Tierra del Fuego, tan australes, tan lejanos y tan extremos que parecen haber sido creados especialmente para las más bellas postales. Sin embargo, al leer el origen, la fantasía inicial dio paso a la curiosidad más profunda.
Es que la Bodega del Fin del Mundo se encuentra en el famoso “terroir” patagónico de San Patricio del Chañar, en la provincia de Neuquén. Se trata de un oasis enclavado en el medio de la inmensa y árida nada, un sitio en cual se podría pensar que para lo único que sirve es para ser admirado por su belleza, pero adonde finalmente encontraron su lugar en el mundo numerosas bodegas que, dicho sea de paso, están dando que hablar tanto a consumidores como a especialistas en todo el mundo.
Así fue que traté de imaginarme qué tipo de vinos pueden elaborarse en esas zonas frías y ventosas.

INTERESANTE MALBEC. Por suerte no tuve que esperar mucho tiempo para degustar algunos de los vinos elaborados por la Bodega del Fin del Mundo. La experiencia, en aquel momento, fue muy buena.
Esta semana, de hecho, quisiera charlar sobre un Postales del Fin Mundo Malbec 2010 que compré recientemente en el súper y que luego descorché, lo admito, pensando en todos los aspectos que detallo al inicio de este texto.
Realmente, hablando coloquialmente, se puede asegurar que este 2010 está bueno. Es que, al ser tan joven y al haber pasado por una leve crianza en barricas de roble, nos encontramos con un vino amable y muy fácil de tomar.
¿Cómo es? Bueno, a la vista es de un color rojo oscuro, con los reflejos violetas típicos de un vino de cosecha reciente. En nariz cuenta historias muy expresivas, pues están presentes en todo su esplendor los frutos rojos tan típicos del Malbec, además de una ligera nota avainillada. Tiene una buena entrada en boca; posee un buen cuerpo y taninos suaves.
En cuanto a la combinación con comidas, como a todo vino de esa cepa le caen muy bien las carnes rojas asadas, el cordero, las piezas de caza y algunos quesos grasos.  También se entiende a la perfección con las pastas suavemente especiadas.

EN SUMA. Para decirlo en pocas palabras, es uno de esos vinos que no hay que dejar pasar una vez que te topás con él en la góndola. Te lo grafico con una expresión acuñada por Tito Caro que he decidido adoptar y que, también, ya utilicé en una columna anterior: te tutea de entrada, desde la primera copa, porque sin dificultades podrás entrar en confianza con él y rápidamente podrás hacerte amigo.
En definitiva, un poco de Patagonia en tu copa.

Artículo publicado en la página 37 del diario Última Hora del 28/05/2011

martes, 24 de mayo de 2011

Volver a las fuentes

Recuerdo muy bien el artículo con el que fue inaugurada esta columna, una oda al alegre reencuentro que tuve con una etiqueta muy querida, a la que considero una entrañable amiga. Esta semana también hablaré de un viejo amigo enológico, solo que esta vez deberé entrar al túnel del tiempo para recordar al producto que, indudablemente, fue el “culpable” de la “vinofilia” que me afecta desde aquellos lejanos años de juventud.
Corría el año de 1993. Me encontraba con un grupo de compañeros de trabajo, todos sentados a la mesa del mejor restaurante de una pequeña ciudad del centro de la provincia argentina de Buenos Aires. Estábamos participando de un viaje laboral y, como en todo pueblo del interior era y sigue siendo obligatorio dormir la siesta, recién a las 17.00 podríamos retornar a nuestras actividades. Para colmo, el día estaba muy frío y gris. Entonces, nada nos impedía disfrutar de un vino junto con el almuerzo para luego retornar al hotel para cumplir con el sagrado ritual pueblerino. Y a partir de la hora señalada culminar con la labor del día.
Todos ordenamos el bife de chorizo de rigor. Pero el compañero de más edad pidió al mozo algo que cambió el concepto que hasta ese momento tenía sobre el vino: en Argentina se hacían vinos interesantes, más allá de los clásicos vinos de mesa, esos que se mezclaban con soda y hasta recibían cubitos de hielo.
En ese momento, lo único que dije fue “me gusta”. Pero en realidad debería haber dicho “¡me encanta!”, porque la sensación percibida en el paladar no dejaba lugar a dudas: ¡quería seguir tomando y tomando! Así conocí al Don Valentín Lacrado, un vino que tiene historia propia y que aún hoy, con la enorme variedad de productos que han surgido en los últimos años, mantiene una envidiable vigencia.

DE UN TIEMPO A ESTA PARTE. Es cierto que hoy la oferta de vinos se ha multiplicado enormemente, y la posibilidad de probar cosas nuevas es una tentación permanente. Pero como siempre es bueno volver a las fuentes, no dudé ni un segundo cuando, en la casa de un amigo, surgió la posibilidad de “descorchar un vinito”, que resultó ser un Don Valentín 2010.
Reconozco que hacía años que no degustaba uno. Y me arrepentí, porque la sorpresa fue agradable. Me encontré con con vino de color rojo suave, bien frutado y con una suave y para nada molesta acidez.
Luego, investigando, me enteré de que este vino es un blend compuesto de Malbec, Merlot, Syrah y Cabernet Sauvignon. Y como no tiene contacto con madera, el vino es franco: da al consumidor lo que cada varietal puede aportar.

SIN EDAD. Recuerdo que, no hace mucho, una mujer de edad avanzada me dijo que el vino que siempre toma es el Don Valentín y fue más lejos aún: “siempre fue mi favorito”, aseguró. De hecho, en ese rango de edad, esta etiqueta es la preferida, porque antes del boom actual del vino esa era “la” etiqueta. Sin embargo, creo que por su franqueza y suavidad este es un vino que puede ser disfrutado también por los más jóvenes o por quienes están buscando entrar a este apasionante mundo de colores, amoras y sabores.

Artículo publicado en la página 36 del diario Última Hora del 21/05/2011

domingo, 15 de mayo de 2011

Un buen embajador del Nuevo Mundo

Cuando hablamos de vinos, el concepto de “Nuevo Mundo” se aplica para unificar en un grupo a aquellos países que son productores recientes, y que compiten cabeza a cabeza con sus pares del “Viejo Mundo”, es decir, Europa.
Entre otros, integran el cada vez más prestigioso grupo países como Estados Unidos, en el hemisferio norte, y Chile, Argentina, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda en el hemisferio sur. Hilando más fino, es muy notorio que las mejores regiones productoras están comprendidas entre los 32 y 38 grados de latitud sur, algo que ha llamado hace rato la atención de los expertos y que los propios productores tienen en cuenta cuando buscan explorar nuevos lugares (también denominados “terroir”).
Y también, claro está, los mejores vinos de los países mencionados provienen de viñedos plantados en esa estrecha franja de tierra.
La introducción sirve para explicar el nombre de un vino que tuve el privilegio de conocer hace pocos días, durante un viaje, y que a la vuelta serví a un grupo de amigos. Me refiero al 35 Sur Cabernet Sauvignon, un vino reserva que, desde la etiqueta misma, busca transmitir un concepto de calidad a partir de la privilegiada posición geográfica de los viñedos que aportan sus uvas.

NOBLEZA. Recuerdo que el año pasado asistí a la cata en la que se celebró el retorno al mercado local de los productos de la Viña San Pedro, responsable de toda la línea 35 Sur. Sin embargo, en esa oportunidad no tuvimos la suerte de degustar el Cabernet Sauvignon, un vino que demostró ser noble debido a varios factores.
Primero puede destacarse que, a pesar de ser un vino reserva, mantiene intactas sus características varietales (mucha fruta roja), matizados con todo lo bueno que la madera puede aportar (toques de vainilla ). Es que este vino fue criado entre 6 y 8 meses en barricas usadas, que aportan al paladar buena concentración y taninos dulces y elegantes. Los fabricantes incluso le dan un potencial de guarda de hasta cuatro años, es decir que este cosecha 2009 puede seguir evolucionando en botella hasta el 2013. Y lo mejor de todo es que este vino puede encontrarse en las gónodolas de los súper al módico precio de G. 29.000. Sin dudas, un producto con una excelente relación entre precio y calidad.
Los acompañamientos pueden ser nuestras típicas carnes rojas asadas (el Cabernet Sauvignon en general va muy bien con esta delicia autóctona) y también con quesos maduros y pastas con salsas rojas no muy especiadas.

DOS VALLES. Otra característica que hace interesante a este vino es que, aunque está compuesto íntegramente de Cabernet Sauvignon, se trata de un blend. ¿Cómo es eso? Los enólogos de San Pedro, para toda la línea 35 Sur, mezclan vinos del mismo varietal, pero elaborados con uvas que provienen de dos valles distintos. En este caso, los de Maipo y Aconcagua. Así buscan darles una personalidad especial, algo que en este caso fue logrado con creces.
A nadie asombra actualmente que el Nuevo Mundo en general y Chile en particular puedan elaborar vinos de calidad a precios competitivos. En todo caso, debería llamar la atención si no lo hicieran.

Artículo publicado en la página 57 del diario Última Hora del 14/05/2011